¿CÓMO CONTARLE A MI GENTE? Carlos Saracini, cp

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¿CÓMO CONTARLE A MI GENTE?

Carlos Saracini, cp

¿Cómo contarle a mi gente…
que sos el Dios de la Vida,
que no estás con nosotros
jugando a la escondida?

¿Cómo contarle a mi gente…
que respetás firmemente la libertad que nos diste
y así vivir plenamente?

¡Parece mentira, Padre, cómo te hemos usado:
Vos te hiciste cercano y nosotros te alejamos!

¡Parece mentira, Padre, cómo te hemos usado…
para ocultar nuestros miedos y oprimir tantos hermanos!

Si sos como la tierra que sostiene nuestra Vida,
te buscamos en el cielo y estás en cada esquina.

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

¿Cómo contarle a mi gente…
que no marcás el destino
y no estás repartiendo por todos lados
premios y castigos?

¿Cómo contarle a mi gente…
que no sos un gran mago,
sino que estás con nosotros
luchando mano a mano.

¡Parece mentira, Padre,
cómo te hemos usado…
para sembrar tanto odio,
si en tu Nombre hemos matado!

¡Parece mentira, Padre,
cómo te hemos usado…
para echarte la culpa
y nunca hacernos cargo!

Si sos como el Viento
soplando en todos lados,
alentando este sueño
de un mundo más humano.

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

¿Cómo contarle a mi gente…
que no nos vas probando
porque confías en nosotros
y están tus huellas en mi barro?

¿Cómo contarle a mi gente…
que siempre te estás “filtrando”
que estás en cada mirada,
en cada gesto, en cada abrazo?

¡Parece mentira, Padre,
cómo te hemos usado:
hemos creado un ídolo
tomando tu Nombre en vano!

¡Parece mentira, Padre,
cómo te hemos usado…
para crear jerarquías
y divisiones entre hermanos.

Si sos como el agua
que tanto necesitamos:
venís a nuestro encuentro
en Jesús tan humano.

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO, PADRE,
ACEPTAR CON HUMILDAD,
ESTA HUMANIDAD QUE SOMOS,
TIERRA QUE ANDA, EN LIBERTAD?

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Yo quiero detenerme en tu casa, en tu corazón, es decir en tu vida…

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1234310_631395820238344_554176425_nQueridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La página del Evangelio de Lucas de este domingo nos muestra a Jesús que, en su camino hacia Jerusalén, entra en la ciudad de Jericó. Esta es la última etapa de un viaje que resume en sí el sentido de toda la vida de Jesús, dedicada a buscar y salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero cuanto el camino más se acerca a la meta, tanto más en torno a Jesús se va estrechando un círculo de hostilidad.

Y sin embargo, en Jericó sucede uno de los acontecimientos más gozosos narrados por san Lucas: la conversión de Zaqueo. Este hombre es una oveja perdida, es despreciado, es un “excomulgado”, porque es un publicano, es más, es el jefe de los publicanos de la ciudad, amigo de los odiados ocupantes romanos, es un ladrón, es un explotador. Bella figura, ¡eh! Es así…

Impedido de acercarse a Jesús, probablemente a causa de su mala fama, y siendo bajo de estatura, Zaqueo se trepa a un árbol, para poder ver al Maestro que pasa. Pero este gesto exterior, un poco ridículo, expresa el acto interior del hombre que trata de ponerse por encima de la muchedumbre para tener un contacto con Jesús. El mismo Zaqueo desconoce el sentido profundo de su gesto, no sabe por qué hace esto, pero lo hace; ni siquiera osa esperar que pueda ser superada la distancia que lo separa del Señor; se resigna a verlo sólo de paso.

Pero Jesús, cuando está cerca de aquel árbol, lo llama por su nombre: “Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa” (Lc 19, 5). Aquel hombre pequeño de estatura, rechazado por todos y distante de Jesús, está como perdido en el anonimato; pero Jesús lo llama, y aquel nombre, Zaqueo, en las lenguas de aquel tiempo, tiene un bello significado lleno de alusiones: En efecto, “Zaqueo” quiere decir “Dios recuerda”. Es bello, Dios recuerda.

Y Jesús va a la casa de Zaqueo, suscitando las críticas de toda la gente de Jericó. Porque también en aquel tiempo se hablaba tanto, ¡eh! Y la gente decía, ¿pero cómo, con todas las personas buenas que hay en la ciudad, va a estar precisamente con aquel publicano? Sí, porque él estaba perdido; y Jesús dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham” (Lc 19, 9). Desde aquel día, en la casa de Zaqueo, entró la alegría. Entró la paz, entró la salvación, entró Jesús.

No hay profesión o condición social, no hay pecado o crimen de ningún tipo que puede borrar de la memoria y del corazón de Dios a uno solo de sus hijos. “Dios recuerda”. Siempre. No se olvida de ninguno de los que ha creado; Él es Padre, siempre en espera, vigilante y amorosa, de ver renacer en el corazón del hijo el deseo del regreso a casa. Y cuando reconoce aquel deseo, incluso sencillamente insinuado, y tantas veces casi inconsciente, inmediatamente le está a su lado, y con su perdón le vuelve más leve el camino de la conversión y del regreso.

Pero miremos hoy a Zaqueo sobre el árbol. Ridículo. Pero es un gesto de salvación. Y yo te digo a ti: si tienes un peso en tu conciencia, si tienes vergüenza de tantas cosas que has hecho, detente un poco. No te asustes. Piensa que hay uno que te espera. Porque jamás ha dejado de acordarse de ti, de pensarte. Y éste es tu Padre, es Dios, es Jesús que te espera. ¡Trépate, como hizo Zaqueo, súbete al árbol por las ganas de ser perdonado! Yo te aseguro que no serás decepcionado. ¡Jesús es misericordioso y jamás se cansa de perdonar! Acuérdense bien de esto, así es Jesús.

Hermanos y hermanas, ¡dejemos también nosotros que Jesús nos llame por nuestro nombre! En lo profundo del corazón, escuchemos su voz que nos dice: “Hoy debo detenerme en tu casa”. Yo quiero detenerme en tu casa, en tu corazón, es decir en tu vida. Y recibámoslo con alegría: Él puede cambiarnos, puede transformar nuestro corazón de piedra en corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor. Jesús puede hacerlo. ¡Deja que Jesús te mire!

En la oración del Angelus del Domingo 3 de Noviembre de 2013

MARÍA, LA LLAMITA PEQUEÑA PERO CLARA EN LA NOCHE DE LA CRUZ.

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fatima4 El Papa Francisco hoy, hablando de María:

“María, madre de Cristo y de la Iglesia, madre nuestra… Su estatua, llegada de Fátima, nos ayuda a sentir su presencia en medio de nosotros… María siempre nos conduce a Jesús. Es una auténtica creyente… ¿Cómo fue la fe de María?

Cuando no escuchamos a Dios ni seguimos su voluntad, se forma como un nudo en nuestra interioridad, que nos quita la paz y la serenidad… Y de los nudos pueden hacerse un ovillo… Pero, para la misericordia de Dios no hay nada imposible… Incluso los nudos más intrincados se deshacen con su gracia.

María es la madre que, con paciencia y ternura, nos lleva a Dios… Cada uno de nosotros tiene varios nudos…

Todos los nudos del corazón y de la conciencia pueden deshacerse…
Con su mano de madre nos conduce al abrazo del Padre de la misericordia…

La fe de María da carne humana a Jesús… Dios no quiso hacerse hombre ignorando nuestra libertad…
No es fácil entenderlo, pero es fácil sentirlo en el corazón…

Creer en Jesús consiste en ofrecerle nuestra carne, para que pueda seguir habitando entre los hombres… Ofrecerle nuestras manos para acariciar a los pequeños y a los débiles.

fatima5La fe de María como camino.
Ella nos precede, nos acompaña y nos sostiene.
El camino de la fe pasa a través de la cruz y María lo entendió desde el inicio.
María afrontó incomprensiones y desprecio.

María, la llamita pequeña pero clara en la noche de la cruz.

¿Tenemos nuestra lucecita de la fe encendida y sentimos su alegría?

Esta tarde, madre, te damos gracias por tu fe.
Renovamos nuestra confianza en ti, madre de nuestra fe. Amén

JORNADAS MARIANAS EN EL AÑO DE LA FE: LA VIRGEN DE FÁTIMA VISITA ROMA

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1379414_681425431868498_1016122679_n El Papa Francisco recibe la Imagen de Fatima en Roma y consagra al Corazón de María la vida de los pueblos.

 

Oh Virgen Santísima, Vos os aparecisteis repetidas veces a los niños; yo también quisiera veros, oír vuestra voz y deciros: Madre mía, llevadme al Cielo. Confiando en vuestro amor, os pido me alcancéis de vuestro Hijo Jesús una fe viva, inteligencia para conocerle y amarle, paciencia y gracia para servirle a Él a mis hermanos, y un día poder unirnos con Vos allí en el Cielo.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Madre mía también os pido por mis padres, para que vivan unidos en el amor; por mis hermanos, familiares y amigos, para que viviendo unidos en familia un día podamos gozar con Vos en la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

Os pido de un modo especial por la conversión de los pecadores y la paz del mundo; por los niños, para que nunca les falten los auxilios divinos y lo necesario para sus cuerpos, y un día conseguir la vida eterna.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria

Oh Madre mía, sé que escucharás, y me conseguirás estas y cuantas gracias te pida, pues las pido por el amor que tienes de tu Hijo Jesús. Amén.

¡Madre mía, aquí tienes a tu hijo, sé tu mi Madre!
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!

El Papa Francisco en Asís – Feliz día para todos

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1374784_10202055678773312_46526585_n«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños» (Mt 11,25).

Paz y bien a todos. Con este saludo franciscano os agradezco el haber venido aquí, a esta plaza llena de historia y de fe, para rezar juntos.

Como tantos peregrinos, también yo he venido para dar gracias al Padre por todo lo que ha querido revelar a uno de estos «pequeños» de los que habla el evangelio: Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís. El encuentro con Jesús lo llevó a despojarse de una vida cómoda y superficial, para abrazar «la señora pobreza» y vivir como verdadero hijo del Padre que está en los cielos. Esta elección de san Francisco representaba un modo radical de imitar a Cristo, de revestirse de Aquel que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Co 8,9). El amor a los pobres y la imitación de Cristo pobre son dos elementos unidos de modo inseparable en la vida de Francisco, las dos caras de la misma moneda.

¿Cuál es el testimonio que nos da hoy Francisco? ¿Qué nos dice, no con las palabras –esto es fácil- sino con la vida?

1. La primera cosa, la realidad fundamental que nos atestigua es ésta: ser cristianos es una relación viva con la Persona de Jesús, es revestirse de él, es asimilarse a él. ¿Dónde inicia el camino de Francisco hacia Cristo? Comienza con la mirada de Jesús en la cruz. Dejarse mirar por él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. Francisco lo experimentó de modo particular en la iglesita de San Damián, rezando delante del crucifijo, que hoy también yo veneraré. En aquel crucifijo Jesús no aparece muerto, sino vivo. La sangre desciende de las heridas de las manos, los pies y el costado, pero esa sangre expresa vida. Jesús no tiene los ojos cerrados, sino abiertos, de par en par: una mirada que habla al corazón. Y el Crucifijo no nos habla de derrota, de fracaso; paradójicamente nos habla de una muerte que es vida, que genera vida, porque nos habla de amor, porque él es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, más aún, vence el mal y la muerte. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una «nueva criatura». De aquí comienza todo: es la experiencia de la Gracia que transforma, el ser amados sin méritos, aun siendo pecadores. Por eso Francisco puede decir, como san Pablo: «En cuanto a mí, Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo» (Ga 6,14).

Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a permanecer ante el Crucificado, a dejarnos mirar por él, a dejarnos perdonar, recrear por su amor.

2. En el evangelio hemos escuchado estas palabras: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,28-29).

Ésta es la segunda cosa que Francisco nos atestigua: quien sigue a Cristo, recibe la verdadera paz, aquella que sólo él, y no el mundo, nos puede dar. Muchos asocian a san Francisco con la paz, pero pocos profundizan. ¿Cuál es la paz que Francisco acogió y vivió y que nos transmite? La de Cristo, que pasa a través del amor más grande, el de la Cruz. Es la paz que Jesús resucitado dio a los discípulos cuando se apareció en medio de ellos y dijo: «Paz a vosotros», y lo dijo mostrando las manos llagadas y el costado traspasado (cf. Jn 20,19.20).

La paz franciscana no es un sentimiento almibarado. Por favor: ¡ese san Francisco no existe! Y ni siquiera es una especie de armonía panteísta con las energías del cosmos… Tampoco esto es franciscano, sino una idea que algunos han construido. La paz de san Francisco es la de Cristo, y la encuentra el que «carga» con su «yugo», es decir su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado (cf. Jn 13,34; 15,12). Y este yugo no se puede llevar con arrogancia, con presunción, con soberbia, sino sólo se puede llevar con mansedumbre y humildad de corazón.

Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: enséñanos a ser «instrumentos de la paz», de la paz que tiene su fuente en Dios, la paz que nos ha traído el Señor Jesús.

3. Francisco inicia el cántico así: «Altísimo, omnipotente y buen Señor… El amor por toda la creación, por su armonía. El Santo de Asís da testimonio del respeto hacia todo lo que Dios ha creado y como Él lo ha creado, sin experimentar sobre la creación para destruirla, ayudarla a crecer, a ser más bella y más parecida a lo que Dios creó, y que el hombre está llamado a custodiar   al hombre, donde el hombre sea el centro de la creación, en el lugar donde Dios creador le quiso, no instrument de los ídolos que nosotros creamos.¡La armonía y la paz! Francisco fue hombre de armonía y fue un hombre de paz. Desde esta Ciudad de la paz, repito con la fuerza y mansedumbre del amor: respetemos la creación, no seamos instrumentos de destrucción. Respetemos todo ser humano: que cesen los conflictos armados que ensangrientan la tierra, que callen las armas y en todas partes el odio ceda el puesto al amor, la ofensa al perdón y la discordia a la unión. Escuchemos el grito de los que lloran, sufren y mueren por la violencia, el terrorismo o la guerra, en Tierra Santa, tan amada por san Francisco, en Siria, en todo el Oriente Medio, en todo el mundo.

Nos dirigimos a ti, Francisco, y te pedimos: Alcánzanos de Dios el don de la armonía y la paz para nuestro mundo.

No puedo olvidar, en fin, que Italia celebra hoy a san Francisco como su Patrón. Felicito a todos los italianos en la persona del jefe del gobierno local aquí presente. Lo expresa también el tradicional gesto de la ofrenda del aceite para la lámpara votiva, que este año corresponde precisamente a la Región de Umbría. Recemos por la Nación italiana, para que cada uno trabaje siempre para el bien común, mirando más lo que une que lo que divide.

Hago mía la oración de san Francisco por Asís, por Italia, por el mundo: «Te ruego, pues, Señor mío Jesucristo, Padre de toda misericordia, que no te acuerdes de nuestras ingratitudes, sino ten presente la inagotable clemencia que has manifestado en [esta ciudad], para que sea siempre lugar y morada de los que de veras te conocen y glorifican tu nombre, bendito y gloriosísimo, por los siglos de los siglos. Amén»

Imagen con la que Asís espera al Papa Francisco.

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El Santo Padre visitará el próximo viernes 4 de octubre la ciudad de Asís, cuna de San Francisco. El Papa saldrá a las 7.00 del helipuerto vaticano y aterrizará tres cuartos de hora más tarde en el campo deportivo del Instituto Seráfico de Asís, donde se encontrará con los niños incapacitados y con los enfermos de esa institución.

A las 8,45 se desplazará, en visita privada, al santuario de San Damiano para rezar y, desde allí, irá a la sede arzobispal donde se encontrará con los pobres asistidos por la Caritas. Terminado el encuentro irá en automóvil a la basílica superior de San Francisco donde será recibido por los frailes conventuales y rezará en la cripta donde está la tumba del santo.

A las 11 celebrará la Santa Misa en la Plaza de San Francisco. Después de la Eucaristía irá al Centro de primera acogida de Caritas cerca de la estación ferroviaria de Santa María de los Ángeles y almorzará con los pobres del centro. Acabado el almuerzo irá al Eremitorio de las cárceles, en visita privada, donde rezará en la celda de San Francisco. A las 15,15, en la catedral de San Rufino se encontrará con el clero, las personas de vida consagrada y los miembros del consejo pastoral de la diócesis. 

Desde allí se desplazará a la basílica de Santa Clara donde venerará los restos de la santa y rezará en silencio ante el crucifijo de San Damiano. A continuación irá a la Porciúncula en Santa María de los Angeles y a las 17,45, en la explanada ante la basílica encontrará a los jóvenes. A las 18,30 se trasladará a Rivotorto, donde privadamente, rezará en el denominado “tugurio” de San Francisco y a las 19,15, tras haber saludado a las autoridades que lo habían recibido por la mañana emprenderá el regreso al Vaticano donde está previsto que su helicóptero aterrice a las 20,00.